Por Verónica G. Quintana
Lic. Kinesióloga Fisiatra – Posturóloga
En la práctica clínica y en la enseñanza de la posturología usamos a menudo la expresión “control postural” como si fuera una explicación en sí misma. Sin embargo, el lenguaje no es neutro: “control” suele sugerir mando central, corrección de desvíos y un ideal de quietud. Esa imagen puede ser útil en ciertos contextos, pero también puede empobrecer un fenómeno que hoy se describe como dinámico, distribuido y dependiente de la tarea y del entorno.
En esta nota propongo privilegiar “regulación postural” como encuadre conceptual, especialmente en divulgación y docencia dentro de la comunidad de la Asociación de Posturología Argentina (APA). No pretende establecer recomendaciones terapéuticas ni un consenso institucional: busca ordenar ideas y abrir una conversación informada sobre qué decimos -y qué insinuamos- cuando hablamos de equilibrio.

¿Por qué el término importa?
En ciencias del movimiento, “control postural” ha sido un término operativo útil para describir procesos que sostienen la orientación y la estabilidad frente a la gravedad. El problema aparece cuando, fuera de su uso técnico, “control” se vuelve un atajo pedagógico: invita a imaginar un “centro” que dirige, jerarquiza y corrige desviaciones. Esa metáfora puede empujar a interpretar la variabilidad como “error” y a describir el sistema como predominantemente top-down (Bernstein, 1967; Horak, 2006).
La propuesta no niega el uso técnico del concepto de control en neurociencia (por ejemplo, control anticipatorio/reactivo, feedforward/feedback o formulaciones distribuidas). Lo que cuestiona es su empleo como explicación cerrada en clínica o docencia cuando sugiere, de modo tácito, un “gobernante” único. Modelos y datos que describen acoplamientos múltiples, pesos sensoriales ajustables y estrategias dependientes de la tarea invitan a un lenguaje más acorde con esa complejidad (Horak, 2006; Peterka, 2002).
Del mandato a la adaptación: ¿por qué hablar de regulación?
Horak (2006) sintetizó un giro conceptual clave: el comportamiento postural no es la suma de reflejos estáticos, sino una habilidad compleja basada en la interacción de procesos sensorimotores dinámicos. Sus dos metas funcionales -orientación postural y estabilidad- desplazan el foco desde la inmovilidad hacia la estabilidad funcional: sostener el desempeño pese a perturbaciones internas y externas.
Peterka (2002) modeló y discutió evidencia de que la postura resulta de la integración de información visual, vestibular y somatosensorial, cuya contribución relativa varía según la confiabilidad de cada fuente. En otras palabras: el sistema repondera, ajusta “ganancias” y cambia de estrategia en tiempo real. Eso dialoga mejor con una noción de regulación adaptativa que con una jerarquía fija.
Variabilidad y abundancia: estabilidad no es rigidez
Un punto clave es la interpretación de la variabilidad. Si se adopta la metáfora del control como corrección, la variabilidad tiende a leerse como ruido. Sin embargo, Bernstein (1967) ya planteaba que el sistema motor organiza grados de libertad en función de la tarea, y Latash (2012) reformuló el problema como “abundancia” motora: múltiples configuraciones pueden sostener un mismo objetivo funcional. Desde esta perspectiva, la estabilidad es flexibilidad organizada, no congelamiento del movimiento. Un ejemplo clínico simple: dos personas pueden mostrar oscilaciones similares en una prueba estática y, sin embargo, una sostenerlas con ajustes finos y otra a costa de co-contracción excesiva; el resultado “se parece”, pero la capacidad de adaptarse ante una perturbación puede ser muy distinta.
Un marco por componentes: equilibrio como sistema
El Systems Framework for Postural Control, utilizado por Sibley et al. (2015) para codificar qué componentes capturan las pruebas estandarizadas de balance, refuerza esta mirada: el equilibrio emerge de componentes interrelacionados (integración sensorial, límites de estabilidad, control reactivo y anticipatorio, influencias cognitivas, verticalidad, entre otros). En este marco, los problemas de balance se describen mejor como desajustes parciales en uno o varios componentes, más que como la “falla” de un centro único.
Propuesta: “regulación postural” como encuadre
A la luz de lo anterior, “regulación postural” puede definirse como la capacidad del organismo para mantener y recuperar orientación y estabilidad funcional en interacción con el entorno, mediante ajustes dinámicos y distribuidos que integran información multisensorial y coordinan respuestas motoras anticipatorias y reactivas (Horak, 2006; Peterka, 2002). En este encuadre, la reponderación sensorial describe un mecanismo (el “cómo”), mientras que la regulación postural nombra la función global (el “para qué”).
Conviene señalar que el uso de “regulación postural” no es una invención reciente: en la literatura internacional aparece como formulación natural para describir el comportamiento de balance, especialmente cuando se discuten integración sensorial y ajustes de ganancia (Peterka, 2002). La propuesta, por lo tanto, no busca “invalidar” el término control postural, sino ofrecer un encuadre alternativo que, en docencia y divulgación, reduce el riesgo de interpretaciones excesivamente jerárquicas del fenómeno.
Regulación emocional y regulación postural: una relación plausible y demostrable
El pasaje de “control” a “regulación” también encuentra un paralelo en psicología: la literatura contemporánea suele preferir “regulación emocional” por sobre “control emocional”. En el modelo de proceso, Gross (1998, 2015) conceptualiza la regulación emocional como los procesos mediante los cuales se modulan la intensidad, duración y expresión de las emociones, más que su simple supresión.
En postura, existe evidencia de que estados afectivos como ansiedad, amenaza percibida y miedo a caer modifican el comportamiento postural. Adkin y Carpenter (2018) revisan trabajos de amenaza postural (por ejemplo, altura inducida) que muestran cambios consistentes en estrategias de balance orientados a aumentar el margen de seguridad. A su vez, una revisión sistemática en adultos sanos sugiere asociaciones entre miedo a caer y cambios en el control ortostático (de Souza et al., 2015).
Desde un punto de vista sistémico, la influencia de la emoción sobre la regulación postural es plausible por varias vías: puede redistribuir la atención y reducir la automaticidad del balance; puede favorecer estrategias protectoras de rigidez o “freezing” ante amenaza; y también puede cambiar la forma en que se usa la información sensorial disponible y la selección de estrategias motoras según el contexto (Adkin & Carpenter, 2018; Gross, 2015; Peterka, 2002). En la práctica, esto se observa con frecuencia cuando una tarea “neutra” se vuelve amenazante: por ejemplo, al elevar mínimamente el desafío (altura, superficie inestable o presión por “no caer”), aparecen patrones más rígidos o cautelosos, no necesariamente por debilidad, sino por cómo el sistema prioriza seguridad.
Implicancias para la clínica, la investigación y la enseñanza de la posturología
Adoptar “regulación postural” como marco no implica negar la neurofisiología del equilibrio ni los mecanismos de control; implica elegir una metáfora que represente mejor lo que el sistema hace en condiciones reales. En clínica, invita a preguntar con más precisión qué componente(s) podrían estar desajustados y cuánto pesa el contexto (amenaza, carga cognitiva, fatiga) en la estrategia observada. En investigación, ordena hipótesis sobre reponderación, variabilidad funcional y moduladores emocionales. En docencia, ayuda a enseñar el equilibrio como una función autorregulada, más cercana a la adaptación que a la corrección permanente.
Para seguir conversando en la comunidad APA
Si esta distinción entre “control” y “regulación” le resulta útil -o si le genera objeciones-, la invitación es a continuar la conversación. Desde APA valoramos los aportes conceptuales y clínicos que ayudan a afinar el lenguaje y, con ello, el razonamiento terapéutico y la enseñanza. Quienes integran la comunidad posturológica están invitados a enviar sus reflexiones, experiencias o contraargumentos para su posible publicación en la web (con el debido cuidado editorial y bibliográfico).
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Nota metodológica para búsquedas en PubMed/MeSH
Para búsquedas bibliográficas internacionales (p. ej., PubMed), es recomendable utilizar los términos dominantes de indización y sus equivalentes. Esta nota propone el uso de “regulación postural” como encuadre conceptual. Sin embargo, en la indexación biomédica internacional (MeSH/PubMed) el descriptor vigente para este dominio es Postural Balance (MeSH Unique ID: D004856), que incorpora como términos de entrada, entre otros, Postural Control y Postural Equilibrium (National Library of Medicine, n.d.-a). En la versión actual de MeSH, “postural regulation” no figura como descriptor ni como término de entrada, aunque sí aparece con frecuencia en títulos y resúmenes. Por ello, para recuperar literatura de manera eficiente, conviene combinar el descriptor con términos libres.
(«Postural Balance»[MeSH] OR «postural control»[tiab] OR «postural regulation»[tiab] OR «postural equilibrium»[tiab]).
En PubMed, el tag [tiab] limita la búsqueda a título/resumen y palabras clave del autor; no busca dentro de los términos MeSH (National Library of Medicine, n.d.-b). Esto permite capturar artículos que usan explícitamente “postural regulation”, aun cuando estén indexados bajo Postural Balance (p. ej., Kemoun et al., 2008).
Referencias
Adkin, A. L., & Carpenter, M. G. (2018). New insights on emotional contributions to human postural control. Frontiers in Neurology, 9, 789.
Bernstein, N. (1967). The Co-ordination and Regulation of Movements. Pergamon Press, London.
de Souza, N. S., Martins, A. C. G., Alexandre, D. J., Orsini, M., do Vale Bastos, V. H., Leite, M. A. A., … & Moreira Filho, P. (2015). The influence of fear of falling on orthostatic postural control: A systematic review. Neurology International, 7(3), 6057.
Gross, J. J. (1998). The emerging field of emotion regulation: An integrative review. Review of General Psychology, 2(3), 271-299.
Gross, J. J. (2015). Emotion regulation: Current status and future prospects. Psychological Inquiry, 26(1), 1-26.
Horak, F. B. (2006). Postural orientation and equilibrium: What do we need to know about neural control of balance to prevent falls? Age and Ageing, 35(Suppl 2), ii7-ii11.
Latash, M. L. (2012). The bliss (not the problem) of motor abundance (not redundancy). Experimental Brain Research, 217(1), 1-5.
Peterka, R. J. (2002). Sensorimotor integration in human postural control. Journal of Neurophysiology, 88(3), 1097-1118.
Sibley, K. M., Beauchamp, M. K., Van Ooteghem, K., Straus, S. E., & Jaglal, S. B. (2015). Using the systems framework for postural control to analyze the components of balance evaluated in standardized balance measures: A scoping review. Archives of Physical Medicine and Rehabilitation, 96(1), 122-132.
Kemoun, G., Carette, P., Watelain, E., & Floirat, N. (2008). Thymocognitive input and postural regulation: A study on obsessive-compulsive disorder patients. Neurophysiologie Clinique/Clinical Neurophysiology, 38(2), 99-104. https://doi.org/10.1016/j.neucli.2007.12.005
National Library of Medicine. (n.d.-a). Postural balance (MeSH descriptor data). MeSH. Retrieved January 21, 2026, from https://www.ncbi.nlm.nih.gov/mesh?Cmd=DetailsSearch&Db=mesh&Term=%22Postural+Balance%22%5BMeSH+Terms%5D
National Library of Medicine. (n.d.-b). MeSH search techniques for special queries: Title/Abstract tag [tiab]. PubMed Online Training. Retrieved January 21, 2026, from https://www.nlm.nih.gov/oet/ed/pubmed/mesh/mod04/01-100.html
